Sunday, March 25, 2007

La Via De Hielo

El tramo cubría en su totalidad la superficie del lago Krosvi en las cercanías de Kathu. Las aguas mansas soportaban todo el peso de la máquina que avanzaba lenta sobre unos rieles de hielo. El último vagón derretía la vía a su paso. No dejaba rastro ni recuerdos mientras se perdía a lo lejos. Solo un vagón estaba iluminado y nadie estaba en control del tren.
Olga, en trance, y recostada en un butacón veía pasar su vida como una película. Tres horas antes había sido asesinada por su amante quién le atravesó el corazón con una daga de plata. No entendía como era posible que estuviera rumbo a su destino final, cuando se suponía que era inmortal.

A los catorce años se había perdido en un bosque. Luego de horas dando vueltas en el mismo lugar comenzó a rezar por un milagro. Las horas pasaban, nada sucedía. En un momento de desesperación se olvidó de Dios y pidió ayuda al mismo diablo. No tardó mucho tiempo cuando se encontró de pronto con un figura humana que tenía dos cabezas de león y las piernas cubiertas de mortajas. Llevaba una espada y telepáticamente le confesó llamarse Nergal. Cuando la miró a los ojos la paralizó. Desde ese momento sólo pudo seguir instrucciones. En un instante fue violada y se le prometió vida eterna. Ya el daño estaba hecho y la perpetuidad vino acompañada con una oferta de no sufrir. Todo sucedió sin mediar su opinión. Solo vivió la experiencia.

Manuel, 5 años menor que ella, llegó a su vida como llega todo desconocido, sin esperarlo. Y como está dispuesto en el libro de las desdichas muy pronto congeniaron. No vale la pena ir sobre la historia romántica, pues no la hubo, fue una situación intrigante donde el victimario conoce a su víctima y cuaja el suceso final. No hay casualidad en el asunto, solo el fluir natural donde el bien vence al mal, pues así tiene que ser; por lo menos en esta época está dispuesto así.

La estocada fue limpia y sin resistencia alguna. Entró hasta el cabo. El blanco perfecto, el ventrículo izquierdo, al reventar negó el flujo normal de la pócima de vida que estaba en turno para desertar por la aorta. No hubo oportunidad a otro latido, quedando todo absorto. La daga sirvió de llave para abrirle las puertas a doña muerte, que como siempre entró sin pedir permiso y reclamó lo suyo.

Ahora sin explicaciones ni llantos Olga iba rumbo a su destino. No tenía idea de lo que se avecinaba, realmente irrelevante el caso, estaba muerta y sin esperanza alguna de que el bien rompiera el conjuro que sin pedirlo le sucedió. La película de su vida transcurrió frente a unos ojos vacantes. El humor vitro aprovechó la ocasión escapándose dejando vacíos los dos globos oculares. En su fuga se llevó consigo toda su memoria visual previa a la violación, quedando sólo en su tejido cerebral un recuerdo implantado, falso e ineficiente que le costó la muerte.

El tren avanzaba y en su mente volvió a ver a Nergal. Le reclamó por haberla dejado ultimar, recriminó su mentira. Nergal con una carcajada gutural le dijo que esa era la naturaleza demoníaca; El engaño, la mentira. Sintió un mal olor, era nauseabundo, desagradable. Aunque abrió sus párpados no veía. Los globos oculares estaban estirados y guindaban casi llegándoles al tabique nasal. Nergal le hizo entender que estaba muerta para el mundo natural, pero que pronto estaría en el inframundo. En ese momento comprendió que había muerto el día en que fue violada.

El tren avanzaba y Nergal siguió presente. En su estado de muerte no se atrevía pensar, pues pensar infería comunicar. Pero no podía evitarlo. Ya agotada pensó en su segunda muerte, le rogó que la dejara descansar, su petición fue negada. Tenía que llegar a su destino y responder por el llamado que hizo aquella tarde en el bosque. Los policías del infierno moraban el vagón asegurándose que su estado de muerta conciente permaneciera hasta ser presentada al consejo del mal. Aunque la fila de espera era larga había toda una eternidad por delante para el proceso. No era momentos para prisa, después de todo ya había muerto dos veces.

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